
Tendido en la noche, el cazador solitario soñaba con los venados...
¿Por qué no los puedo atrapar?
Cobijados por la luna los venados del monte se ven azules, azules como los sueños...
Esquivos y fugaces pasan por mi lado sin hacer ruido.
Aprovechando que los parpados caen sobre mis ojos y sobre todas las formas del día
…Y cuando quiero atrapar a los venados su carne ya se ha ido, como si no tuvieran cuerpo,
Como si fuesen solo sombra
Como si mi vista afilada los atravesara sin hacerles daño
Mientras esto pensaba el cazador, un venadito azul se recostó a su lado, movió sus orejas y el viento sopló en contrarias direcciones. El hombre cayo dormido y vio el lugar a donde iban los venados, un valle silencioso, oscuro y luminoso en donde los sueños no son esquivos o fugaces, están ahí para nosotros, para que los contemplemos largamente y nos alimentemos de ellos. No se esconden entre las ramas de la noche, son venados azules en el valle, sueños que existen para ser vividos...
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